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miércoles, 13 de julio de 2011

En el país de la nube blanca


Londres, 1852: dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en una tierra a la que se compara con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en el extremo opuesto del mundo?

Esta novela fue el gran debut de Sarah Lark ante los lectores alemanes, pero no tardó en convertirse en un éxito internacional. No dudo por qué.
El libro tienen ese regusto a literatura de otro tiempo, como novelas de Emily Brönte o Jane Austen, pero con un estilo mucho más actual y relajado.
La novela te cautiva desde el principio, tanto por los excepcionales paisajes neozelandeses que se describen como por sus personajes, tan vivos y tan vibrantes que parece que en vez de una novela se tratara de una biografía.
En mi opinión esta novela sobre las relaciones humanas, el amor, el odio y la codicia, tiene también un guiño a grandes clásicos como El pájaro espino, el estilo de las novelas me ha parecido además muy similar.
Además en este libro se puede apreciar el gran trabajo de investigación que ha realizado la autora, tanto sobre el ambiente, relatando con gran exactitud costumbres y paisajes de la zona, como de las actividades, ya que la mayor parte de la novela se sitúa en una granja de ovejas en las llanuras de Nueva Zelanda, y el lector se encuentra metido de lleno en las actividades de la granja, como el esquileo o la cría de las ovejas sin que estos pasajes se vuelvan aburridos o tediosos.
Por otra parte, aunque la novela está centrada especialmente en dos jóvenes inmigrantes, de muy distinta procedencia, la gran cantidad de personajes secundarios le da a la historia gran realismo, aunque a veces, como en casi todas las novelas con un toque de romanticismo, los finales sean algo predecibles; se le perdona porque el conjunto en sí es precioso.
Respecto al estilo aunque he comentado antes sus similitudes con otros autores diré que es bastante descriptivo aunque sin ser agobiante, y la autora tiene un sencillo sentido del humor que aparece aquí y allá dentro del libro, sin intentar convertir la novela en comedia, pero que le permite al lector esbozar una sonrisa de vez en cuando.

En conclusión se trata de una novela muy recomendable para leer, sobre todo para aquellos admiradores de las autoras y obras mencionadas anteriormente, porque desde luego no quedarán decepcionados.